La historia detrás de Petita Lechatrose
Hay historias que empiezan mucho antes de que sepamos que algún día serán importantes.
La mía empezó con un gato.
Cuando era pequeña, mi abuela Catalina y yo nos pusimos a coser un peluche con forma de gato. Era blanco y rosa. No era un gran proyecto ni pretendíamos crear nada especial. Simplemente estábamos allí, juntas, cosiendo y dando forma a aquel pequeño gato.
Con el tiempo, aquel peluche se convirtió en uno de esos recuerdos que se quedan contigo sin hacer demasiado ruido.
Pasaron los años.
Cuando estudiaba Diseño de Moda, llegó el momento de inventar un nombre para mis trabajos. Necesitaba encontrar algo que me representara, que tuviera personalidad y que pudiera acompañarme en mi camino creativo.

Y entonces me acordé de aquel gato.
Pensé en él y apareció Le Chat Rose.
El gato rosa.
Después llegó Petita.
Una palabra ligada a mis raíces mallorquinas, pero también a esa parte infantil que forma parte de mí. A la niña que imaginaba, que creaba y que veía posibilidades donde otros quizá no las veían.
Y junté las dos cosas:
Petita Lechatrose.
Al decirlo en voz alta supe que tenía algo.
Era diferente. Tenía fuerza. Tenía personalidad.
Y, sobre todo, era un nombre que se recordaba.
No era un nombre elegido al azar. Dentro llevaba un pequeño pedazo de mi historia: mis raíces, mi infancia y aquel gato blanco y rosa que había cosido con mi abuela.
Aquel nombre que inventé para un trabajo de Diseño de Moda terminó acompañándome mucho más allá de aquellos estudios.
Se convirtió en mi nombre artístico.
En el nombre de mi universo creativo.
En Petita Lechatrose.
Y quizá por eso me gusta tanto.
Porque cada vez que alguien me pregunta de dónde viene mi nombre, vuelvo a aquel recuerdo.
A un gato de tela.
A dos manos cosiendo juntas.
A mi abuela Catalina.
Y a una niña que todavía sigue dentro de mí.
Así nació Petita Lechatrose.
De un pequeño gato blanco y rosa que, sin saberlo, terminó convirtiéndose en parte de mi identidad.
Petita Lechatrose


