¿Y si tu sombra fuera la clave?
Sa Co^a es una experiencia que invita a un viaje interior a través del arte, la piedra y el silencio de una cueva natural en Lloret de Vistalegre, Mallorca.
Esta instalación explora nuestros miedos y sombras, y nos anima a mirarlos de frente para transformarlos. No diremos qué sucederá dentro, pero, si sales con la imagen de tu sombra, significará que has iniciado el camino hacia la liberación.
La cueva se convierte en un espacio de tránsito: un lugar donde el entorno natural, las obras y los símbolos acompañan al visitante en un recorrido por distintas dimensiones de la experiencia humana. El miedo, el compromiso, el ego, la transformación, la ofrenda y la conciencia se entrelazan en una propuesta que no pretende ofrecer respuestas cerradas, sino abrir preguntas.
Sa Co^a se articula en siete actos. Cada uno propone una aproximación diferente al mundo interior y construye, junto a los demás, un camino simbólico desde el reconocimiento de aquello que nos condiciona hasta la posibilidad de transformarlo.
Inspirado en la tradición de lanzar una moneda en la Fontana di Trevi, este acto propone un viaje introspectivo. Al ofrecer tu moneda al agua salada, sellas un compromiso contigo mismo: iniciar un recorrido hacia tus sombras.
Bajo el cristal, rostros sumergidos de antepasados del presente esperan ser reconocidos. Este gesto marca el inicio de un camino que te invita a confrontar tus miedos y transformarlos en luz.
La obra es de mi autoría y se enriquece mediante una colaboración con la artista visual Bia Ríhole (@beskaakort), cuya visión simbólica y cultural amplifica su mensaje.
Dos figuras del siglo XX se presentan completas, pero unidas por cadenas de rostros: un símbolo del apego emocional.
A sus pies, unas huellas en forma de corazón señalan el lugar donde se apoya el deseo de ser amado, incluso a costa de uno mismo. Representan el miedo a reconocernos y comprometernos con nuestro propio bienestar.
La obra ha sido realizada por mí, con la colaboración de mi padre, el artista Francisco Llompart Coll, autor de las cadenas.
Esta unión generacional habla también de las herencias emocionales que nos atan y nos transforman.
Al fondo de la cueva, una última obra muestra el miedo cuando se desborda: cuando las emociones ya no pueden contenerse y se convierten en caos. Es allí donde comienza la posibilidad de ver, comprender y sanar.
La oscuridad no es solo ausencia de luz. Es el espacio donde nacen las preguntas, los recuerdos y lo no dicho.
Aquí se manifiesta el miedo a lo que no vemos… y a lo que sí.
Este acto te invita a entrar en la sombra, no para perderte, sino para descubrir lo que solo allí puede revelarse. Porque a veces, en la oscuridad, empieza la claridad.
El ego es la máscara que aprendemos a llevar para ser queridos, vistos y protegidos. Pero, con el tiempo, pesa. Se adhiere a la piel y nos hace olvidar quiénes somos.
Este acto habla del momento en que la máscara empieza a caer. Del vértigo y la liberación que surgen cuando dejamos de fingir.
¿Qué queda cuando dejamos de intentar ser quienes creemos que debemos ser? Quizá aparezca una parte de nosotros que llevaba demasiado tiempo esperando ser reconocida.
Llegamos al corazón del viaje: la mesa de la maga, donde todo es posible. Aquí, la sombra se convierte en materia prima. El miedo, en fuego sagrado.
La transformación ocurre en silencio, pero es profunda.
Esta es la mesa de la alquimia interna, donde no se invoca un truco, sino el arte ancestral de transmutar la vida en sabiduría.
Es el lugar donde la magia pura sucede sin esfuerzo, porque la maga no fuerza… revela.
Y en ese gesto, te conviertes en lo que realmente eres.
En el corazón de esta capilla emerge nuestra diosa bizantina contemporánea, un ser que trasciende tiempo y género. Con su rostro dorado enmarcado en azul y su velo carmesí como augurio de transformación, nos contempla desde un espacio donde habita lo sagrado femenino y lo divino andrógino.
Sus ojos entrecerrados no miran hacia afuera, sino hacia dentro, buscando en el silencio lo que el mundo no puede ofrecer. Sus labios guardan palabras ancestrales que solo pueden escucharse con el alma.
El velo rojo, reminiscencia de iconos sagrados y símbolo de transformación, no oculta, sino que revela. No es barrera, sino umbral hacia lo infinito.
Esta figura es un portal, un espejo donde cada visitante reconoce fragmentos de su propia divinidad olvidada. En su ambigüedad reside su poder, en su vulnerabilidad su fuerza.
Este es el espacio del silencio y el gesto sagrado. Aquí no se pide, se ofrece. No se busca, se suelta.
Las flores secas del hada marina, aportadas por Florever Mallorca, son testigos de ciclos completados y de una belleza que persiste.
Las cartas del tarot pintadas por mis alumnas del taller y por mi gran amiga Maru son símbolos que conectan lo visible con lo invisible.
Los centros para velas realizados en el taller de Anita acompañan el fuego que danza en ellos, esa misma llama que arde en quien contempla.
En el suelo, el hilo rojo que nos recuerda que todo está conectado.
Cada ofrenda es parte del alma que se entrega. Una despedida, una gratitud, una promesa. Porque soltar es crear espacio para lo nuevo.
La escalera alquímica es un símbolo del ascenso hacia la transformación y la expansión de la conciencia. Cada uno de sus siete últimos escalones representa una fase de la alquimia, un proceso de purificación y elevación interna que nos acerca a nuestra esencia más profunda.
A medida que ascendemos, nos adentramos en un viaje de autodescubrimiento, conexión y trascendencia.
Al pie de la escalera, las velas encendidas con las palabras «Buena Vida» y «Disfruta» nos acompañan, recordándonos que el camino de transformación debe ser recorrido con equilibrio, gratitud y consciencia.
Los últimos siete escalones están marcados por las siguientes fases alquímicas:
1. Primer escalón: Calcinación. La disolución de viejas estructuras mentales y emociones estancadas. Liberamos lo que nos limita y bloquea.
2. Segundo escalón: Solución. La disolución de las barreras internas. Un proceso de apertura que nos permite recibir lo nuevo y transformador.
3. Tercer escalón: Coagulación. La integración de nuevas formas de ser, la creación de una nueva identidad basada en la experiencia y el aprendizaje.
4. Cuarto escalón: Sublimación. La elevación de nuestra conciencia, el proceso de purificación que nos conecta con niveles más altos de sabiduría y percepción.
5. Quinto escalón: Consolidación. La unificación de todos los aspectos de nuestro ser, creando armonía entre las diferentes partes de nosotros mismos, tanto luz como sombra.
6. Sexto escalón: Transmutación. La transformación final de nuestra esencia, donde lo denso se convierte en luz y somos capaces de vivir en una vibración más elevada.
7. Séptimo escalón: Iluminación. En el último escalón, al alcanzar la cima de la escalera, un ojo abierto de conciencia está pintado. Este ojo simboliza la expansión de la percepción, la apertura total a la verdad y la plena conciencia del ser. Es el momento de la revelación, donde nos encontramos con nuestra naturaleza divina y la conexión con el todo.
Este ojo abierto no nos recuerda que, al alcanzar la iluminación, somos capaces de ver más allá de las limitaciones del ego y de la dualidad. La conciencia se expande, permitiéndonos comprender y experimentar la unidad con el universo.
La ascensión no es solo un proceso de transformación, sino también un despertar continuo a nuevas realidades y percepciones, una invitación a vivir con una visión más clara, profunda y auténtica.
Sa Co^a propone un recorrido que no termina al abandonar la cueva. Cada acto, cada símbolo y cada encuentro abren la posibilidad de llevarse una pregunta, una imagen o una nueva manera de mirar hacia dentro.
La instalación no pretende decirnos qué debemos sentir ni ofrecer una única interpretación. Cada visitante llega con su propia historia y atraviesa la experiencia desde su particular manera de mirar el mundo.
La piedra conserva su silencio. Las sombras siguen ahí. Pero quizá algo haya cambiado en la forma de contemplarlas.
¿Y si tu sombra fuera la clave?
Sa Co^a es una propuesta de Petita Lechatrose que une arte, naturaleza, símbolos y exploración interior para convertir una cueva en un espacio de encuentro con uno mismo.
